Brujas de la noche

Su cara es la de cualquier abuelita que ofrece té y pastas desde el porche de su casa. Por desgracia, en Rusia hace demasiado frío para esos lujos. Su nombre era Nadezhda Vasilievna Popova. Comandante Popova. Condecorada como Heroína de la Unión Soviética, Estrella de Oro, Orden de Lenin y tres veces Orden de la Estrella Roja.

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Nadya Popova. Fuente: Wikimedia.

Nacida el 17 de diciembre de 1921 en Dolgoye, actual Ucrania, la pequeña Nadya quedó impresionada cuando vio por primera vez un aeroplano. «Pensaba que sólo los dioses podían volar», le explicaba a Anne Noggle, autora de «A Dance With Dead: Soviet Airwomen in WWII». Pero Dios había sido condenado a muerte en aquella Unión Soviética. La historia tenía que ser conquistada por el hombre.

O por la mujer. En 1938, cuando Nadya tenía 17 años, Marina Raskova y otras dos mujeres batieron el récord mundial de vuelo directo y sin escalas. A bordo de un ANT-37 de fabricación soviética, bautizado como Rodina (Patria), viajó a lo largo de los seis mil kilómetros que separan Moscú de Komsomolsk del Amur. La Siberia helada casi le quita la vida, pero su éxito la convirtió en la primera Heroína de la Unión Soviética.

Cuando las tropas alemanas invadieron el país en 1941, Stalin pensó en Raskova para la formación de un regimiento aéreo compuesto por mujeres. El 588 de la aviación soviética, encargado de bombardeos nocturnos, se uniría a los también femeninos 586 y 587. Los alemanes se disponían a cercar Leningrado y se requería un esfuerzo total de la población soviética.

Las voluntarias del 586 y el 588 empezaron a entrenar en Engels, cerca de la legendaria Stalingrado. Garth Ennis, el gran guionista de cómic (Predicador, Hellblazer, Punisher), describe en «Battlefields. Las brujas de la noche» (Aleta Ediciones) el ambiente de esos campos de entrenamiento. Los instructores desconfiaban de la capacidad de aquellas señoritas para matar nazis desde sus aviones. Al fin y al cabo, su media de edad era de 20 años. No tendrían nada que hacer contra los letales Messerschmitt.

Ese recelo de los mandos se manifestó en los aviones que fueron asignados al regimiento 588, en el que se encontraba nuestra joven Nadya. Los Polikarpov-Po2 eran las máquinas que utilizaban los hombres en el ejército para entrenar y estaban fabricados con contrachapado y lona. Apenas podían llevar dos bombas, eran enormemente ruidosos y su velocidad punta era menor que la de algunos aeroplanos utilizados en la Primera Guerra Mundial.

Desde la desventaja, el desprecio y la inferioridad técnica, las aviadoras del 588 salieron en su primera misión el 8 de junio de 1942. Tres aviones con el objetivo de destruir unos cuarteles alemanes. La noche fue un éxito, pero uno de ellos fue abatido. Los Polikarpov eran demasiado vulnerables. Demasiado ruidosos y lentos.

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Polikarpov PO-2. Photo credit: Pavel Vanka via Foter.com / CC BY-NC-ND

Pronto todo eso cambiaría. Crecidas en el peligro, las aviadoras desarrollaron una táctica que aprovechaba los problemas de sus aviones para convertirlos en virtud. A varios kilómetros de sus objetivos, apagaban los motores y volaban en silencio. Sin motor no había ruido. La lona y el contrachapado, a baja altura, no podían ser detectados.

Sin embargo, las luces seguían siendo un problema a la hora de llegar a la zona del objetivo. No podían ser oídas ni localizadas, pero los faros alemanes revelaban su posición. Su solución fue crear grupos de tres aviones. Dos de ellos atraían el fuego enemigo mientras el tercero atacaba. Nadya Popova lo describió como «nervios de acero». Y fue un éxito rotundo.

Cuando los Polikarpov llegaban, los nazis quedaban sin capacidad de reacción. Las bombas estaban en el aire y los muertos en el suelo. Los pocos aviones que partían para dar caza a aquellas mujeres quedaban desconcertados por sus maniobras a baja velocidad que hacían imposible la interceptación.

Con el tiempo, esta táctica se convirtió en una pesadilla para las tropas invasoras. Pronto, las letales aviadoras soviéticas fueron conocidas con el nombre por el que pasarían a la historia: Nachthexen. Brujas de la noche. Los supervivientes de sus ataques afirmaban que en los momentos inmediatamente previos se escuchaba el ruido de un palo de escoba. La propaganda nazi aumentó la idea al afirmar que las temibles brujas tomaban drogas que les permitían ver en la oscuridad.

Durante meses, la unidad combatió sin descanso. Llegaron a realizar hasta 18 misiones en una misma noche, con un total de 30.000. Se calcula que las supervivientes habían completado más de mil misiones cada una. Arrojando casi 23.000 toneladas de bombas sobre ejércitos alemanes. Sus cabezas tenían un precio muy alto. Los pilotos nazis que derribaban el avión de una bruja eran recompensados con la Cruz de hierro.

Aunque las pérdidas del 588 no fueron excesivamente altas, dolían igual. Nadya Popova describió como una «pesadilla» ver a sus compañeras de dormitorio y vuelo morir. Ella tuvo más suerte. Consiguió aterrizar después de recibir en su avión más de 42 impactos y en 1942 sobrevivió a un derribo sobre el Cáucaso. Del total de integrantes, 30 fueron nombradas Heroína de la Unión Soviética.

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Nadya Popova

La leyenda de las brujas es conocida, pero quizá no lo suficientemente universal. Para mí, las dificultades en el Ejército y la capacidad de transformar la desventaja en oportunidad las convierten en uno de los grandes cuerpos heroicos de la historia. Los libros que las recuerdan no son muchos, pero homenajes como el cómic «Battlefields» o la canción «Night Witches», del grupo de powermetal sueco Sabaton en su disco «Heroes», van agrandando el mito de estas mujeres letales.

La historia de las brujas está llena de heroísmo, valentía y superación. Poniendo la vida en riesgo mucho más allá de lo que cualquiera esperaba. Nadya, nuestra protagonista, sobrevivió a la guerra. Tras su caída en el Cáucaso conoció a Semyon Kharlamov, un piloto condecorado, con el que se acabó casando. El hijo de ambos es hoy general de la fuerza aérea bielorrusa. Años después de la guerra dijo unas palabras con las que Garth Ennis cierra la última viñeta de su historia:

«A veces, cuando la noche es extremadamente oscura, permanezco fuera de casa y miro al cielo mientras el viento mesa mis cabellos. Contemplo la oscuridad y cierro los ojos. Me imagino una vez más allá arriba, en mi pequeño bombardero, cuando era joven. Y pienso: “Nadya, ¿cómo lo lograste?”».

Beneath the starlight of the heavens
Unlikely heroes in the skies
Witches to attack, witches coming back
As they appear on the horizon
The wind will whisper when the Night Witches come!