Columpiarse y otras reflexiones sobre Trump

Ayer por la tarde, mientras los estadounidenses iban a votar, escribí una reflexión en Facebook en la que daba por asegurada la victoria de Hillary Clinton. No lo hice sin más. El Proyecto 538 de Nate Silver, que había sido enormemente exitoso en elecciones anteriores, daba un setenta por ciento de posibilidades de que fuera así. La media de todas las encuestas, que había visto en el Twitter de Kiko Llaneras, seguía mostrando una ventaja suficiente para los demócratas. Se equivocaban. Me equivoqué.

Mientras leía comentarios y análisis en internet, me he encontrado un tuit de Roger Senserrich, politólogo del grupo Politikon: «No voy a borrar un solo tuit. Llevo 18 meses diciendo que Trump nunca iba a ganar. Cuando la cagas, la cagas. Se acepta y punto.» Pues eso, cuando te columpias, se acepta y punto. Hay poco más que hablar en este sentido, pero esta mañana, cuando lo que parecía imposible se ha hecho realidad, se me ocurren algunas cosas que comentar.

Como estudiante de ciencias sociales, hay que reconocer que nuestras disciplinas están en el paleolítico inferior. Las encuestas no supieron predecir los resultados de las últimas elecciones en España, no acertaron con el Brexit y se estrellaron contra el flequillo de Donald Trump. Jorge Galindo, otro miembro de Politikon, aceptaba esa premisa esta mañana en Twitter. Al final, lo único que podemos hacer, decía, es ser cautos a la hora de predecir y valorar un análisis a futuro.  Lección aprendida.

Sin embargo, ahora que estamos ante la realidad de un presidente como Trump, la sensación de que todo ha cambiado no se va del ambiente. Muchos escribían durante los últimos meses que no sería para tanto, que este millonario en la Casa Blanca sacudiría los cimientos del Imperio Norteamericano y desataría nuevos procesos políticos que cambiarían para siempre el panorama. Slavoj Zizek, uno de las voces más mediáticas del marxismo a nivel internacional, apuntaba en esa dirección. Quizás, al fin y al cabo, un golpe encima de la mesa es lo que necesita el mundo.

Hace unos meses, a finales de junio, estaba en una casa rural con muy buenos amigos de la universidad. Se celebraba entonces el referéndum en Reino Unido para la salida de la Unión Europea. Yo era el único que apostaba por la salida como una reivindicación de la superioridad del parlamento sobre la falta de democracia desde Bruselas. Creía, sí, en un golpe sobre la mesa que despertase a la Unión. El racismo de los defensores del Brexit me dio igual. Era algo contingente que pasaría.

Me equivoqué. Ya pueden ver que lo hago con bastante frecuencia. El clima político de Reino Unido se ha vuelto insoportable. Se agrede diariamente a ciudadanos extranjeros y los líderes del Brexit se han revelado como un grupo de demagogos y fanáticos. Aprendiendo de este error, comprendí que apoyar a Trump como revulsivo sería un error. Sería una equivocación garrafal descartar la enorme fuerza racista y reaccionaria que hay detrás del nuevo presidente. El cambio que supondría su gobierno con respecto a lo anterior sería lo de menos.

Nuestras democracias necesitan una transformación. Necesitan reformas y, en algunos aspectos, enmiendas a la totalidad, pero no vale todo. No podemos aspirar a la renovación de nuestros sistemas mediante el auge de líderes como Nigel Farage, Marine LePen, Viktor Orban, Jaroslaw Kaczynski, Rodrigo Duterte, Geer Wilders o Vladimir Putin. Los cambios, está bien recordarlo, también pueden ser a peor.

Trump, de momento, es impredecible, pero todos estos caudillos del nacionalismo se han apresurado a felicitarle. No podemos saber lo que va a ocurrir, pero las bases de su éxito han sido las del populismo de derechas más reaccionario. Si algo nos ha enseñado este año es que no podemos predecir el futuro, ni fiarnos del discurso del cambio a cualquier precio. Solo cabe la cautela. Esperar a sus primeros movimientos, sus alineamientos en defensa y comercio, sus enmiendas contra la herencia de Obama y su respeto por las instituciones. No es, digo, el fin del mundo, pero si Trump y el resto de líderes nacionalistas se alinean, los valores más básicos de nuestra sociedad estarán directamente amenazados.

 

trump

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