La baja cultura según Meryl Streep

Meryl Streep bien puede hablar de lo que le dé la gana en un premio que es suyo. Incluso de política, porque todo es político o susceptible de serlo. Un robot es política, la religión es política y, por supuestísimo, el cine es política. El arte, bajo cualquier manifestación, comparte la visión del mundo de su creador. Sacar el tema en unos premios, como en la cena de Navidad, ya es responsabilidad de cada uno.

Para defender al ‘denostado’ mundo de los actores americanos –denostadísimos millonarios- Meryl Streep reivindicaba el papel de Hollywood como único muro de protección de El Arte.  «No nos quedaría otra cosa que ver que fútbol y Artes Marciales Mixtas (MMA), que no son las artes», dijo mientras el público aplaudía su bellísimo y artístico tono de desprecio.

El problema de la actriz es de desconexión y lejanía con la «baja cultura». Esa distinción repipi entre el «nosotros», que vemos cine, vamos al teatro y escuchamos a Bach, y el «ellos» que ven fútbol y MMA, la podría haber firmado cualquier hípster perfumado que lee el New Yorker en una cafetería gourmet.

Lo que se esconde bajo esa frase es el viejo desprecio –muy muy viejo- contra la cultura popular. La tonta idea de que fútbol y cine son incompatibles. En 1994, José Luis Garci, que ya había ganado el Oscar por Volver a empezar, escribió una serie de crónicas desde el mundial de fútbol de Estados Unidos. El cineasta no intentaba proteger El Arte, ni era un tipo sudoroso que ve en calzoncillos un deporte aburrido. Era un autor contando algo que le apasionaba de una manera auténtica y única. Un partido descrito por Garci es más cultura que algunas mierdas que Hollywood produce.

Igual que el fútbol –americano o no-, el desprecio a los deportes de contacto es el de una élite intelectual que se abruma ante el sudor que no viene del set de maquillaje. Para Meryl Streep los combates de Muhammad Ali contra Joe Frazer y Foreman no son cultura. Son entretenimiento para gordos comedores de hamburguesas. En su mente, los espectadores de MMA son sólo iletrados e imbéciles.

El error de Meryl Streep es el mismo que cometió con Trump. Como en una serie de Sorkin, cree que Hollywood es un grupo de jóvenes idealistas que enseña el camino del Bien al pueblo americano. La América de Hillary. En frente, el cine de Michael Bay y la América de Trump. Fútbol, MMA, tetas gordas y gordos votantes republicanos.

Y, sin embargo, Streep, que es la actriz más grande de su generación, todavía no ha comprendido una cosa. Como en las películas, el fútbol, el boxeo y el MMA cuentan historias. Son hijos de una misma cultura. Tienen relatos donde el Bien tiene que pelear contra el Mal. Donde hay héroes y villanos, donde las luchas son a muerte y el vencedor se lo lleva todo. El deporte, como una buena película, es épica. Es cultura y puede ser arte.

Recuerda, Meryl: «Float like a butterfly, sting like a flee».

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